Operativos migratorios a diestra y siniestra

Mario (nombre protegido) trabajaba, hace una semana, en un restaurante ubicado en la exclusiva zona de Urdesa, norte de Guayaquil. Pero su vida inesperadamente dio un giro de 180 grados cuando le impusieron una notificación de abandono del país en 30 días. Por eso se esconde hoy de las autoridades ecuatorianas. ¡No quiere irse!.

A sus 26 años, Mario es uno de los tantos migrantes venezolanos que no corrió con suerte y cayó en un operativo organizado por miembros de la Policía de Migración.

A él le verificaron que no cumple los requisitos para estar legalmente en el país. Aseguró que eso lo deja en el limbo, pues no sabe si regresar a su nación o quedarse en su escondite por un tiempo. Tiene la esperanza de que la situación cambie.

Recordó que hace un año, tuvo que salir de Venezuela para darle de comer a su familia. Ahora deberá huir por no tener su documentación en orden.

Este ‘chamo’ no sabe si es mejor soportar el hambre en su tierra o vivir esquivando a las autoridades en Ecuador.

Aseguró que no es fácil tomar aquella decisión, pues su familia, de cuatro integrantes, necesita dinero para sobrevivir. Lo poco que ganaba como cocinero le ayudaba a ‘pararles la olla’.

Al ‘camello’ en el que estaba no tiene posibilidad de regresar, pues dijo que no quieren contratarlo porque los dueños prefieren “evitar problemas” con las autoridades.

Un poco de apoyo

El presidente de la fundación Mueve, Andrew Castro, que presta apoyo a venezolanos en el puerto principal, pide a sus compatriotas que lleven sus documentos a la mano para evitar inconvenientes.

Comentó que no está totalmente de acuerdo con este tipo de operativos, pues existen personas que cuentan actualmente con un trabajo estable. Le parece injusto que les den el plazo de 30 días para abandonarlo todo.

Operativos migratorios a diestra y siniestra

“Son personas que desean trabajar y salir adelante y muchos de ellos tienen a sus familias y niños estudiando. Es ilógico que te hagan firmar una salida del país teniendo a tus hijos estudiando acá”.

Castro contó que, al igual que los ecuatorianos que están preocupados por su seguridad, existen extranjeros que también son agredidos por el hecho de ser forasteros.

Invitó a que las personas no cataloguen o señalen a todos por igual, ya que es cierto que existen casos de ‘chamos’ que han llegado a este país a hacerlos quedar mal, pero asimismo existen familias enteras que lo único que piden es trabajar.

Mayor control

Por otra parte, el jefe de Migración, mayor Ricardo Romero, recalcó que estos operativos no son con intención de erradicar a los venezolanos, pues no están haciendo ningún tipo de ‘cacería’.

“Ningún operativo es direccionado, todos son de control. Lo que pasa es que actualmente hay más venezolanos y son con los que más te topas en las calles y en lugares de tránsito. Esto va para todos los extranjeros sin importar el país del que venga”.

Romero indicó que el fin de estos controles es para determinar el status migratorio de los extranjeros. Estos se realizan diariamente y sin una hora establecida.

“Queremos saber si la persona ingresó de forma regular o no. Conocer si su documentación está al día”, señaló.

Según Romero de cada 100 extranjeros que verifican los agentes de Migración, el 80% son de nacionalidad venezolana, dejando en segundo lugar a colombianos y posteriormente peruanos.

Un tipo con suerte

Christian (nombre protegido) aún se considera uno de los migrantes con suerte. Llegó hace un años a Ecuador desde el estado de Yaracuy en Venezuela. Logró conseguir un empleo como ayudante de cocina.

“La verdad es que no tengo pasaporte, entonces me piden que regrese a mi país a buscarlo, pero sería volver a comenzar de cero, ya que debería de solucionarlo allá y volver a ingresar”.

Admite que su estadía en Ecuador es irregular, pero está en el proceso para solucionar sus papeles y espera lograrlo, antes de que se vea envuelto en algún problema con Migración, “estoy registrado para recibir la visa humanitaria”.

Tiene la dicha de tener un empleo en el que gana un sueldo básico y con el que puede sacar adelante a su hogar. Reconoce que todos sus hermanos venezolanos no corren con la misma suerte y han tenido que recurrir a vender cualquier producto en las calles para llevarse el pan a la boca.

Fuente: Diario Extra, 1er Impacto

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