OPS prevé aumento de muertes por COVID-19 en Latinoamérica en 3 a 6 semanas

Las muertes por COVID-19 aumentarán en Latinoamérica en las próximas tres a seis semanas, dijo el martes la directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), subrayando que todo dependerá del cumplimiento de las medidas para evitar los contagios y de los recursos disponibles. Carissa Etienne, titular de la oficina regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS), dijo que el impacto sanitario del nuevo coronavirus no será igual en todos los países latinoamericanos, pero muchos comenzarán a ver a fines de abril y principios de mayo un mayor número de infectados y de fallecidos por la enfermedad del nuevo coronavirus.  Y vaticinó que algunos incluso verán “abrumados” sus servicios de salud. “Por supuesto, todo esto depende de cuánto cumplan los países con el distanciamiento social, si están dispuestos a continuar con esas medidas, si tienen suficientes trabajadores de la salud y suficientes camas de hospital, particularmente de unidades de cuidados intensivos, y si cuentan con suficientes respiradores y equipos de protección personal”, señaló Etienne en una rueda de prensa por videoconferencia. El nuevo coronavirus ha provocado, hasta el momento, 80.142 muertos y 1,37 millones de contagios en todo el mundo desde que se reportó el primer caso en China en diciembre, según un conteo de AFP en base a fuentes oficiales.  Desde el comienzo de la epidemia, América Latina y el Caribe suman 1.373 fallecidos y 36.317 casos. “En solo siete días, hemos visto cómo se han más que duplicado los casos y muertes en nuestra región. La pandemia se está acelerando rápidamente”, dijo. “La situación empeorará antes de mejorar, y todos debemos estar preparados para que las próximas semanas sean aún más difíciles”, agregó. Etienne dijo que el impacto de la pandemia será “devastador” donde falten trabajadores de la salud y llamó a mostrarles agradecimiento y solidaridad, y a no estigmatizarlos. Además, pidió a los países coordinación para garantizar el suministro de equipamiento de protección a los hospitales, y trabajar con el sector privado para encontrar “soluciones innovadores para impulsar la producción”.

Fuente: Ecuavisa, 1er Impacto

LETALIDAD DEL COVID19 EN ECUADOR SUPERA A LA DE ITALIA

En medio de la veda informativa y de cifras oficiales ocultas sobre los impactos del coronavirus en Ecuador, en particular en la ciudad de Guayaquil, este medio realizó un análisis contando con el apoyo de profesionales del sector. Las conclusiones señalan que los niveles de letalidad en nuestro país (14%) son muy superiores a los de Italia (11%).

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un contacto es una persona que estuvo: cara a cara a menos de 1 metro y por más de 15 minutos con alguien infectado por SARS-CoV-2 o tuvo contacto físico directo (sin equipo de protección personal adecuado) o es parte del personal de salud que dio atención directa a un paciente infectado sin equipo de protección. Además, esta exposición debió darse dos días antes de que la persona enferma presente síntomas y hasta 14 días luego de que los presentara.

Por ejemplo si usted estuvo en Guayaquil, la ciudad con más casos, haciendo fila en un banco por más de 15 minutos junto a alguien que estaba tosiendo y en esta persona se confirmó COVID-19, usted se convertiría en un contacto.

¿Pero, todos los contactos son iguales?

Según el Morbidity and Mortality Weekly Report, publicado el 6 de marzo de 2020 por el  Centro para el Control y prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC por sus siglas en inglés) la probabilidad de desarrollar síntomas del COVID-19 incrementa sustancialmente cuando se convive en la misma casa con la persona infectada.

Tras realizar el monitoreo activo de 455 contactos por 15 días, los investigadores del CDC pudieron determinar que el porcentaje de personas que se contagian tras estar en contacto con alguien infectado de COVID-19 es de 0.45%.

Sin embargo, cuando el contacto se da en quienes viven en la casa con la persona infectada la probabilidad de desarrollar síntomas de la enfermedad se incrementa en al 10,5%.

La posibilidad de contagio fuera de casa también varía. Según los investigadores Hayward y Bale, existe un riesgo significativamente mayor de contraer la infección al usar bus o metro (en las ciudades que lo tienen) al acudir a supermercados o tiendas, al ir al teatro, asistir a fiestas y a lugares de culto entre otros.

Es importante recordar que no es lo mismo estar infectado que estar enfermo. Alguien infectado puede no estar enfermo (no presenta malestar general, fiebre, tos u otro síntoma); es decir que es asintomático/a. Este grupo de personas es el que representa un problema para controlar la pandemia ya que quienes están en él son capaces de transmitir el virus de manera inadvertida.

Por ello, varios países han optado por una estrategia consistente en realizar más pruebas a la población para poder detectar incluso a quienes son asintomáticos. Identificar a las personas asintomáticas posibilita la ejecución de medidas más específicas para controlar la propagación del virus.

Lo expuesto hasta aquí es útil para comprender el por qué la diferencia en los resultados entre los países afectados por el virus que han adoptado distintas estrategias y medidas para evitar o disminuir el número de contagios.

Estas medidas difieren según las capacidades que tienen los países para vigilar un evento sanitario global de esta magnitud; es decir, que dependen de contar con un sistema de vigilancia epidemiológico competente ya que la información que este sistema provee es fundamental para la toma de decisiones acertadas.

Diferentes estrategias han mostrado resultados con diferencias notables en la distribución de los casos y en la mortalidad de la enfermedad.  Varios países, entre ellos Alemania y la República de Corea, han optado por masificar la toma de muestras para detectar más casos de COVID-19.

Corea ha montado un sistema de vigilancia sin precedentes. A más de la vigilancia convencional recurrió a la ubicación proporcionada por el Sistema de Posicionamiento Global (GPS por sus siglas en inglés) de los teléfonos celulares de las personas sospechosas de tener COVID-19.

Este tipo de información le permitió al sistema de vigilancia epidemiológica de ese país establecer la consistencia entre los síntomas del paciente sospechoso o enfermo que está siendo investigado, escapando del sesgo de memoria que pudiera presentar la persona que relata lo sucedido. Hicieron algo parecido con las tarjetas de crédito.

Por ello el manejar cifras e información consistentes sobre la pandemia y saber dónde estamos es asunto de vida o muerte.

¿Cómo se lleva el registro de casos y tests realizados?

En Ecuador desde el inicio de la pandemia hasta el 30 marzo de 2020 suponemos que existen 987 casos que no cuadran con las cifras oficiales.

Esta es la explicación: hasta esa fecha (30 de marzo), se sospechaba que la infección estaba presente en 3 232 individuos, a ellos se les aplicó 7451 pruebas (cada sospechoso tuvo al menos dos pruebas) para determinar si eran casos:

  1. confirmados (positivos);
  2. descartados (negativos);
  3. probables (no concluyente).

Dicho de otro modo, para clasificar a un caso sospechoso en una de estas categorías según el resultado de la prueba. De los 3232 que hasta el 30 de marzo se les realizó la prueba del COVID19, 1.966 personas dieron positivo (confirmados) y 2.253 negativo (descartado).

La suma de confirmados y descartados da un resultado 4219 sujetos; eso quiere decir que hubo 987 personas más que los reportados como sospechosos.

El dato de casos probables no fue reportado por ninguna instancia gubernamental. Por lo tanto no es descabellado entender que estos 987 sujetos correspondan a casos probables que no han sido reportados.

Como comprenderá, en el contexto de una pandemia, es muy posible que los “probables” tengan la infección, pese a que la prueba no sea concluyente. Conocer el número de casos probables (no concluyentes), es útil para saber qué tanto sirven las pruebas que están siendo utilizadas y provee insumos para evaluar las acciones tomadas y modificarlas si es necesario, para eso sirve la ciencia.

¿Cuán letal (mortal) es el Coronavirus en Ecuador?

La coherencia de las cifras del reporte es central para construir una de las estadísticas más importantes: la de la tasa de letalidad del SARS-CoV-2 (o COVID-19). La tasa de letalidad es un valor, habitualmente expresado como un porcentaje, que da cuenta de la probabilidad que tiene la población de morir a causa de una enfermedad.

Se calcula dividiendo el número de personas que han muerto a causa de la infección para el número de personas que se encuentran infectadas, este resultado se multiplica por 100.

Según los datos publicados el 1 de abril de 2020 por la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos, con 2748 casos confirmados y 93 fallecidos, el 3,38% de las personas que son diagnosticadas de COVID-19 fallecen en el Ecuador.  Esa sería la tasa de letalidad 3,38%

Sin embargo, debido al creciente número de cadáveres que permanecen en los domicilios de Guayaquil, las dudas sobre el número real de casos de contagio y de fallecidos a causa de la enfermedad por coronavirus abundan.

Según menciona El Universo, la semana previa al 01 de abril de 2020, el Registro Civil de Guayaquil inscribió el triple de actas de defunción (en promedio 120 diarias), comparadas con las que se inscriben habitualmente (30 o 40 al día).

El diario El Comercio señala que tan sólo entre el 24 y el 30 de marzo, 306 cuerpos no fueron retirados de los domicilios en la ciudad de Guayaquil.

Comparativamente para ese período del 24 y 30 de marzo en el año 2018, el INEC registró 311 muertes. Ello que concuerda con el promedio de 44,2 registros diarios mencionado por el Registro Civil.

Hasta aquí podríamos decir que si en 2018 hubo 311 muertes y 306 en 2020 no existe mucha diferencia. Sin embargo, en 2018 este número de muertes no generó reportes de cadáveres que no pueden ser retirados de los domicilios ni funerarias colapsadas.

Por lo tanto, en el contexto de la pandemia, es probable que estos 306 cuerpos aumenten las cifras de fallecimientos por COVID-19 al menos a 399.

Es decir, los 93 fallecidos para esa fecha por Coronavirus según las cifras oficiales sumados a los 306 cuerpos que permanecen en los domicilios. Es muy improbable que 93 fallecidos por COVID-19 causaran la saturación de las funerarias y los servicios sanitarios.

Esto plantea 2 posibles escenarios

  1. Nuestra tasa de letalidad es mayor que la tasa internacional.  Si sumamos los 93 casos reportados hasta el 1 de abril de 2020 con los 306 cuerpos que no han sido recogidos, los dividimos para el número de casos positivos y, finalmente, los multiplicamos por cien, obtenemos una tasa de letalidad para el Ecuador de alrededor de 14.4%, o sea, mayor que la de Italia.
  2. El número de casos de COVID-19 en el Ecuador está subestimado.
    1. Si el número de muertos real es 399 (306 + 93), y acogemos las estadísticas internacionales de letalidad (4%), para esta tasa se diera en el país, en Ecuador deberían existir alrededor de 9975 casos entre sintomáticos, asintomáticos y personas con complicaciones. Es decir que necesitaríamos de 9975 casos para que la tasa de letalidad sea de 4% con 399 muertos, o
    2. Los casos probables son aquellos en los que la prueba no ha podido descartar o confirmar la infección por SARS-CoV-2 o aquellos a los que “por alguna razón no se les puede realizar la prueba”, como menciona la OMS; por lo tanto, los fallecidos bajo estas circunstancias (pandemia) deberían ser considerados como casos probables.

Pese a lo apurado que pueda parecer el análisis, considere que se realiza a partir de la información con la que contamos y que existen contradicciones entre los datos y los discursos de las autoridades.

Las incógnitas que plantea la propia tasa de letalidad nos lleva a concluir que existe inequidad no solo en la pruebas diagnósticas sino en el morir con dignidad.

Es el momento de enfrentar la álgida crisis sanitaria y social por la que atraviesa el país y dejar de lado manejos políticos con perspectivas electorales de la misma.

Fuente: Periodismo de Investigación, 1er Impacto

Ecuador: enfermar de COVID-19 o no comer, la disyuntiva de la gente pobre

El domingo 5 de abril, a 36 días de la confirmación del primer caso de coronavirus en Ecuador, el número de personas contagiadas —según los datos oficiales— es de 3466 y son ya 180 personas fallecidas. Eso ubica al Ecuador en el segundo puesto de América Latina, detrás de Brasil, un país 30 veces más grande. El 70% de los casos confirmados en Ecuador están en la provincia costera de Guayas, cuya capital, Guayaquil, es la segunda ciudad más importante del país. Allí, hasta el domingo, se habían registrado —oficialmente— 126 muertes. La cifra de una sola ciudad ecuatoriana supera la de países de América Latina como México, Perú, Colombia o Argentina.

Las medidas tomadas por el gobierno del presidente Lenín Moreno fueron claras: una declaratoria de estado de excepción, el aislamiento social obligatorio, y un toque de queda nacional. Sin embargo, estas parecen no tomar en cuenta la necesidad de supervivencia económica que cubre una gran parte de esta provincia.AD

En el último censo poblacional, de 2010, Guayas contaba con más de tres millones y medio de habitantes, y tiene una población que vive en condiciones muy desiguales. Existen urbanizaciones privadas, valladas, con guardias y cámaras de seguridad, que tienen canchas, espacios sociales y piscinas. En Samborondón está, por ejemplo, la finca del expresidente León Febres-Cordero, en la que criaba caballos de paso.

Durante el primer fin de semana del aislamiento social, el gobernador de la provincia anunció la suspensión de 38 eventos —entre ellos, al menos dos matrimonios en las zonas más acomodadas de Guayaquil y Samborondón— y 31 establecimientos clausurados por incumplimiento de la disposición. La siguiente semana, en una urbanización privada de Samborondón, la orden de aislamiento caía en oídos sordos: un partido de golf tuvo que ser interrumpido por la Policía para obligar a los jugadores a regresar a sus casas.

Por otro lado, están las zonas periféricas, con viviendas en condiciones precarias, incluso de hacinamiento, con poco acceso a servicios básicos: en el último censo 26% de los guayasenses no tenían acceso a agua potable y 53% no contaban con red de alcantarillado público—. Guayas es también la provincia con mayor cantidad de asentamientos ilegales (312 en 2,098 hectáreas). Además, más de 60% de la población no está afiliada a la seguridad social —según el último censo — lo que implica que, probablemente están en condiciones de subempleo; y 20% son limpiadores, asistentes domésticos, vendedores ambulantes o peones. Durán, uno de los cantones más afectados dentro de la provincia con 99 contagios en una población de 250 mil habitantes, es también uno de los que mayor densidad poblacional tiene: 1026 habitantes por kilómetro cuadrado.AD

Es una provincia en la que mucha gente vive del día a día: si hoy no trabaja, hoy no come. A diciembre de 2019, Guayaquil era la ciudad con mayor tasa del pobreza del país: 11.2%.

A todo esto se suma el hecho de que las autoridades no se tomaron la situación con la seriedad suficiente. El gobernador de Guayas permitió que se desarrollara un partido de fútbol con asistencia masiva, cuando ya se conocía del primer caso positivo en el país.

Incluso, con medidas como multas y prisión para quienes incumplan el toque de queda, en la provincia de Guayas se han levantado la mayor cantidad de partes policiales por incumplimiento: 1349 hasta el 3 de abril. En las horas en las que sí se puede circular para actividades estrictamente necesarias como adquirir provisiones o medicamentos, se han visto mercados improvisados, gente vendiendo y comprando productos, sin mascarillas e incluso personas de la tercera edad, lo cual también se ha visto en otras provincias. Todo esto ocurre a pesar de que Guayas ya fue declarada zona de seguridad y por ello se aplica control militar.AD

Son las muestras de que, en una provincia con tanta desigualdad, la orden de permanecer en casa enfrenta a buena parte de la población a la decisión de contagiarse del virus o no tener qué comer. No sirven entonces las multas o las amenazas de cárcel porque, a diario, son poblaciones que se enfrentan a amenazas que también ponen en riesgo sus vidas, como la ausencia de servicios básicos, de seguridad social o siquiera de un trabajo que les permita mantener a sus familias alimentadas. Para que sean efectivas, y garanticen un esfuerzo para salvar la mayor cantidad de vidas, las medidas gubernamentales deben ir en concordancia con esta realidad que está ahí, oculta y silenciosa en condiciones normales, pero que bajo la amenaza mundial de la pandemia del coronavirus, se ha visibilizado de manera implacable y devastadora.

Fuente: The Washington past, 1er Impacto