A los moteles solo entran ‘calientes’ de placer

Es la primera vez que Sandy Mora trabaja como camarera en un motel. Ella recoge y limpia los restos de placer que los amantes dejan desperdigados en las habitaciones del hotel Haway, norte de Guayaquil.

En tres años sus oídos se han acostumbrado a los gemidos, a los gritos y suspiros que retumban en el largo corredor interno donde los recaudadores reciben, a través de pequeñas ventanas, el pago por los cuartos.

La mañana del jueves pasado solo había silencio en el pasillo con puertas de lado y lado. Esas son las entradas para que las encargadas de la limpieza ingresen a las habitaciones cuando las parejas finalizan el ‘cuerpeo’.

Al lado de cada puerta están las ventanillas que, si están abiertas, indican que no hay nadie dentro. Ese día, la mayoría de cuartos estaban vacíos.

Desde que los moteles volvieron a abrir sus puertas, el miércoles 20, ese lugar solo había recibido un promedio de 10 a 15 parejas por día, que no se comparan a las más de 100 que acudían a diario antes de decretarse la cuarentena en el país.

Sandy debe acostumbrarse a las mascarillas y a tener que limpiar la habitación dos veces con otros productos distintos que aseguren que no hay virus que acompañe a los amantes durante sus faenas.

Octavio Giler, propietario de este establecimiento que estuvo cerrado durante 62 días, contó que han definido un protocolo tanto para empleados como para clientes. Quienes deseen ocupar las habitaciones tienen que ingresar con mascarilla y no tener fiebre. Esta la mide el guardia al ingreso con un termómetro.

Octavio también tiene un motel en el sur de la ciudad y le da curiosidad el hecho de que allí, entre el primer y segundo día de actividades, recibieron al doble de personas que en el local del norte.

“Al parecer, en el sur les da menos temor de volver a la normalidad”, comentó. En el mismo sector del Haway hay otros tres moteles. Unos están abiertos y otros han invertido estos días para limpiar y sanitizar las habitaciones.

En el centro, la situación es la misma. Anni Peña administra el hotel Brodway, en Los Ríos y Febres Cordero. Durante la mañana del jueves recibió a aproximadamente 10 parejas. El protocolo de entrada es el mismo, salvo que ahora, ciertos clientes no se esconden bajo grandes gafas o intentan taparse el rostro. Las mascarillas hacen ahora este trabajo.

Asegura que los usuarios ya saben que deben ingresar con tapabocas y que la toma de la temperatura es obligatoria. Además, han colocado alcohol en gel para que haya una desinfección de manos constante.

La mayoría de establecimientos ha regresado a trabajar con el 50 por ciento de la nómina de empleados, hasta esperar a que poco a poco los gemidos vuelvan a llenar todas las habitaciones.

Fuente: Diario Extra, 1er Impacto

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