Niños víctimas de accidente de tránsito permanecen en hospital de Guayaquil

Dos hermanos gemelos, de nueve años de edad, permanecen internados en el hospital Roberto Gilbert tras sufrir un accidente de tránsito. Un taxi de placa GBM – 0052 y el carro en el que iban los pequeños y su progenitor, un Chevrolet Spark negro, de placa GTF – 3700, colisionaron ayer, domingo 12 de julio de 2020.

“A un niño le operaron las piernas en la madrugada, pero deben volverlo a intervenir. Al otro niño ya lo operaron en la cabeza, pero tiene pronóstico reservado”, contó Leonel Granda, tío de los chiquillos, la mañana de este lunes. 

El pariente acudió a la casa de salud para saber cómo se encontraban sus sobrinos, quienes fueron trasladados a dicho centro médico pocos minutos después del siniestro vial, ocurrido en la esquina de las avenidas Democracia y Doctor Roberto Gilbert, ubicadas en el norte del Puerto Principal.

El padre de familia fue llevado a una clínica privada y permanecía retenido, dijo Granda. En cambio, el taxista logró huir del lugar, dejando abandonado en el sitio el vehículo que conducía. El incidente ocurrió alrededor de las 13:00

En tanto, la Autoridad de Tránsito Municipal informó que se trató de un choque lateral perpendicular, con estrellamiento contra un árbol. En varios videos difundidos por las redes sociales se observa cómo el guardachoque del taxi quedó destruido a causa del impacto, mientras que el automotor donde iban las víctimas tenía hecha ‘añicos’ la parte trasera

En las imágenes, además, se ve cómo la ciudadanía trata de ayudar a uno de los infantes, quien estaba tendido en el suelo. Luego arriba al sector una ambulancia y una paramédica bajó rápidamente de la unidad móvil de emergencias para brindar asistencia médica al chico.  

Los dos carros implicados en el accidente fueron retenidos por la ATM.

Fuente: Diario Extra, 1er Impacto

“Se han vulnerado los derechos a la salud, agua y ambiente sano de la población carcelaria”

Una sentencia favorable recibió la acción de protección que presentó la Defensoría del Pueblo a favor de las personas privadas de libertad y trabajadores de los centros penitenciarios del país, que están afectados por el COVID-19.

“Un juez de la Unidad Judicial Penal, con sede en la parroquia Iñaquito, del Distrito Metropolitano de Quito, declaró el 9 de julio la vulneración de los derechos constitucionales a la salud, agua y ambiente sano de este grupo poblacional”, informó la Defensoría.

Desde el inicio de la emergencia sanitaria, la entidad que vela por los Derechos Humanos ha emitido diversas comunicaciones, alertas y exhortos a las diferentes autoridades de Salud y del sistema carcelario, a fin de que se busquen las alternativas más convenientes para atenuar, en lo posible, el impacto de la COVID-19 en los centros de privación de libertad.

Según la información presentada por el Ministerio de Salud Pública, se establece que, hasta junio de 2020, unas 805 personas privadas de libertad han sido diagnosticadas con el virus, mientras que 2.720 están bajo sospecha, y 24 han fallecido.

En cárceles como la de Ambato, Cuenca y otras ciudades, durante esta pandemia ha habido incluso brotes de rebelión por parte de los reos, en demanda de mejores condiciones sanitarias. 

Responsabilidad del Estado

“La Defensoría del Pueblo recalca la importancia de la responsabilidad que tiene el Estado ecuatoriano frente a las personas bajo su custodia, en este caso, las privadas de libertad, así como de las y los servidores que trabajan en los centros penitenciarios”, señaló la entidad. 

Recordó que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha recordado al Estado ecuatoriano respecto a su responsabilidad de garantizar los derechos de estas personas, “dado que es necesario adecuar las condiciones para que cumplan sus sentencias en forma digna y segura”.

Se espera un pronunciamiento del Gobierno y las autoridades competentes frente a este dictamen con el que se exige cumplir con medidas, especialmente sanitarias, a favor de la población carcelaria.

Fuente: Diario Extra, 1er Impacto

¡Con instinto de papá!

Dice que no debería haber aspavientos. Que era su deber. Y que cualquiera pudo haber hecho lo mismo… Ramón Salazar, cabo primero de Policía, cuenta qué hay detrás de una foto que se hizo viral en las redes en pocas horas.

En la imagen, él aparece sentado sobre el pavimento de la avenida Simón Bolívar, con un niño en su regazo. Ramón con la mano derecha sostiene un celular y con la izquierda lo abraza.

Unos minutos antes, a las 17:00 del viernes, el policía conducía hacia su casa en Yaruquí, luego de cumplir con su turno. Entonces, se topó con el tráfico y vio que más adelante un auto estaba de cabeza. Una mujer seguía atrapada en el asiento del conductor y algunos militares intentaban sacarla.

“Mi primer pensamiento fue ayudar a los afectados”.

Entonces se bajó del carro y observó un tumulto. Cuando se acercó vio que un niño, de unos tres años, lloraba desconsoladamente. Tras el siniestro, estaba asustado. Aún más por toda esa gente que lo rodeaba. No entendía lo que pasaba.

Ramón se sentó en el piso y lo tomó en sus brazos. Intentaba comunicarse con el pequeño, pero no lo entendía. Solo decía “ayuda”, “ok”, y su nombre: Dillan. Tenía una herida leve en su pierna, pero le dolía.

“Le dije que me iba a quedar con él y que todo estaría bien. Solo dijo: ‘ok’. No entendía el español”, relata el policía.

En ese momento solo atinó a abrazarlo y una persona le dio un celular . “Póngale algún video para que se calme”, le sugirió. Lo primero que se le vino a la mente fue que a su hijo, de cuatro años, le encantan las caricaturas de ‘Paw Patrol’, sobre un grupo de perros que ayudan a la comunidad.

“Cuando ve eso se olvida de cualquier cosa. Lo mismo pasó con Dillan”.

Pensó que si su hijo estuviese en esas circunstancias, también le gustaría que alguien se ocupara de él. “Fue instinto policial y luego el paternal”.

SU LABOR

Ramón está en el servicio policial desde hace 15 años. Además, es profesor de Educación Física en la Escuela de Policía, pero con la emergencia sanitaria se suspendieron estos entrenamientos y salió a patrullar. “Estuve un mes en Guayaquil haciendo sensibilización a la gente por el coronavirus. Ahora Quito está en ese punto de contagios”, cuenta.

Cumple su turno en una Unidad de Policía Comunitaria (UPC) del Comité del Pueblo, en el norte de Quito. Pero ese viernes salía del Tribunal Contencioso Electoral porque lo enviaron allá.

Sus compañeros, entre risas, le toman fotos mientras es entrevistado. “Después no nos han de creer”, dicen.

Este cabo primero se enamoró del uniforme cuando unos gendarmes visitaron su colegio. Estaban tan impecables que él pensó: “Yo lo voy a usar”. Y así fue.

Fuente: Diario Extra, 1er Impacto