Le arrancaron los ojos con los dedos

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Pierina Silva caminaba apurada por el enorme patio de tierra en el que están dispersas las ocho casas de sus familiares. Todos viven en el recinto Río Perdido, de Nobol, rodeados de árboles, animales de granja y una paz que difícilmente se interrumpe.

Por eso nadie daba crédito al horror que vivieron la mañana del domingo 21 de febrero. Su tío Víctor Torres fue hallado a 200 metros del conjunto familiar, recostado entre sembríos de maíz y con los globos oculares fuera de sus órbitas. Le habían arrancado los ojos.

Esto era lo que tenía a su sobrina Pierina moviéndose de un lado a otro para vender tablas de bingo, con las cuales recogería dinero para las medicinas del agricultor, de 53 años.

El martes 24, luego de permanecer dos días asilado en un hospital de Guayaquil, Víctor regresó a casa, sin sus ojos y dejando un puñado de incertidumbre entre quienes lo conocieron.

Al día siguiente, mientras Pierina y su hermana Corina organizaban el evento, el hombre gritaba dentro de la casa de su mamá que no quería atender a nadie. No quería acordarse de lo que pasó entre la noche del sábado y la madrugada del domingo.

A pocas personas, entre ellas a su mamá Juana, le relató lo que ocurrió aquella madrugada, cuando tras salir de una matiné donde estuvo tomándose unas copas fue interceptado por desconocidos que le quitaron la visión.

La señora, de 76 años, estaba sentada en el centro del patio. Recibía palmaditas en la espalda de cada vecino y amigo que iba llegando a las 13:00 para empezar el bingo. Todos lamentaban lo sucedido con Víctor.

CASO DEL HOMBRE QUE LE(33063976)
Vecinos y amigos colaboraron con premios para el bingo.AMELIA ANDRADE

De hecho, cuando se les ocurrió la idea del evento, muchos donaron los premios: botellas de aceite, latas de sardinas, sacos de azúcar, que ataviaban una mesa de madera a pocos metros de donde estaba Juana.

La adulta mayor, que repetía que necesitaba ayuda para su hijo, relató lo que le había contado Víctor. El hombre, aproximadamente a las 05:00 del domingo, cuando aún no amanecía en el recinto, sintió cómo dos hombres lo rodearon y lo inmovilizaron.

Lo único que notó fue que uno de ellos se le sentó encima, aprisionándole las manos sobre el estómago. También sintió cómo un par de manos le presionaban los ojos, hasta que se desmayó.

A las 07:00 fue hallado por sus familiares, quienes hubiesen jurado que estaba muerto por la escalofriante escena: un ojo colgaba de su mejilla y otro estaba sobre su tórax. Pero no, según Juana, su muchacho jadeaba y fue trasladado hasta el hospital Vicente Pino Morán, de Daule. De allí fue llevado hasta Guayaquil.

Con las manos

En esa casa de salud, de acuerdo al fiscal de Daule, Walter Jaramillo, los médicos que atendieron al hombre presumen que no usaron ninguna herramienta para arrancarle los ojos. La o las personas que lo hicieron solo usaron los dedos para la extracción. “Presumimos que con la presión de los dedos pulgares se cometió este hecho. No se ha usado ningún tipo de arma. Con los dedos le arrancaron los ojos, porque no hay ningún tipo de huellas de armas cortopunzantes”, aseveró Jaramillo.

Esto coincide con lo que Víctor le contó a su amigo Julio Álvarez, de 73 años. El también agricultor acudió al bingo para apoyar a su pana. Apenas se enteró de que Víctor estaba en casa y fuera de peligro fue a visitarlo para preguntarle si sospechaba por qué le habían hecho tanto daño.

“Él me dice que no sabe, que no recuerda motivos. Estuvo tomando en unos bares, luego en una fiesta, lo conozco a él como es, una persona tranquila, que no se emborracha o hace relajos”, comentó el vecino, que había comprado varias tablas de bingo para jugar esa tarde.

El hombre, además, señaló que es la primera vez que ocurre un hecho similar en la zona, donde rara vez se escucha sobre ataques o robos. Ellos creen que se trata de gente que no vive en el sitio. No obstante, los demás moradores están aterrados.

Juana Manzaba llegó con su familia para apoyar a Víctor. Tomó una silla y se sentó para esperar a que empezara el juego.

Ella no tiene niños en su hogar, pero solo bastaba con mirar alrededor del patio de tierra para notar que había decenas de pequeños corriendo y jugando. “Es por ellos que nos da más miedo, si alguien puede llegar a cometer este acto tan horrible con una persona mayor, imagínese lo que le pueden hacer a los niños. Ya no hay cómo dejarlos salir a jugar”, dijo la señora.

Desde el ataque a Víctor, los habitantes de Río Perdido han solicitado a la policía que realice más rondas por el lugar.

No obstante, el fiscal Duarte señaló que, como parte de las investigaciones del hecho que está siendo analizado como tentativa de asesinato, una de las hipótesis que se maneja es que habría sido por venganza, aunque los parientes digan que Víctor no tenía enemigos.

“Es la primera vez que en la zona rural de Nobol le sacan los ojos a alguien, pero no es para que la ciudadanía se alarme. Este es un tipo de delito parecido al sicariato, que se comete en contra de personas seleccionadas”, comentó el funcionario. Asimismo, descartó el tráficos de órganos, pues no se llevaron los globos oculares de Víctor.

Por su parte, tanto la mamá como los demás parientes del agricultor esperan que alguien pueda ayudarlos a superar esta desgracia. Doña Juanita aún tiene esperanza de que un trasplante pueda devolverle la visión a su hijo aunque, según el oftalmólogo Luis Real, vicepresidente de la Sociedad Nacional de Oftalmología y Ortóptica (SNOO) de Ecuador, esto es poco probable.

La familia es de escasos recursos y no tiene dinero para el tratamiento ni para conseguir prótesis, que es lo que mejoraría el aspecto de Víctor, que actualmente tiene los ojos vendados. Su mamá espera que algún médico acoja su caso para hacer más llevadero el dolor que sufrieron.

  • Hace cinco años le arrancaron el pene

Jeison (nombre protegido), de 31 años, sufrió algo parecido a Víctor hace cinco años. Pero a él, en lugar de arrancarle los ojos, le cortaron su pene. Fue el 14 de abril de 2015, cuando salía de un bar en el centro de Nobol, donde laboraba como mesero.

Hace dos años recibió a EXTRA en su hogar para contar cómo fue la pesadilla que padeció. Fue en la noche, cuando caminaba para su hogar fue interceptado por desconocidos, quienes, al parecer, le suministraron alguna droga, para sedarlo y trasladarlo al redondel de Pajonal de Nobol. Allí, y con un arma blanca, le cortaron su órgano reproductor. Aunque han pasado más de cinco años, las investigaciones de las autoridades de Daule han sido infructuosas y no hay ningún detenido hasta el momento.

Aún no se sabe porqué le cortaron el pene al muchacho. Con ayuda de terapias psicológicas, medicamentos y el apoyo de sus padres y familiares, ha podido salir adelante y superar este duro momento. 

Fuente: Diario Extra, 1er Impacto

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