Las matanzas en las cárceles tienen olor a narcotráfico

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A las bandas que se disputan el poder las financian carteles internacionales de droga. Desde la matanza de febrero de 2021 ha habido un enfrentamiento armado por mes.

 Una mujer policía fue violada por un preso,  cuando ingresó a un pabellón para contener los amotinamientos del 21 de julio de 2021, en la cárcel de Cotopaxi. Fue trasladada de emergencia a un hospital.

El mismo día, en la Penitenciaría del Litoral hubo una balacera.

En total, en ambas cárceles 21 presos murieron y nueve policías resultaron heridos. Con esto, el 2021 ya suma la cifra más alta de muertes violentas (más de 100) de los últimos años: en 2020 fueron 34 y en 2019, 32.

Ningún control

Por las cárceles del país pueden entrar ambulancias con armas o se puede visualizar, por los aires, droga y celulares que aterrizan en los patios.

Mientras que las motosierras y ametralladoras ingresan por medio de sobornos a guías penitenciarios, por las puertas cuyas llaves pertenecen a los mismos reos. Todo esto ha sido reconocido por Edmundo Moncayo, titular del Servicio Nacional de Atención Integral a Personas Adultas Privadas de Libertad y a Adolescentes Infractores del Ecuador (SNAI).

Un conflicto que se amasa por fuera

Para Mario Pazmiño, exdirector de inteligencia del ejército, el sistema penitenciario está sumido en la corrupción producto “del poder del narcotráfico dentro y fuera”.

Para Pazmiño el narcotráfico es el detonante principal de la crisis penitenciaria. “Las ‘megabandas’ que están dentro de las cárceles pertenecen a los cárteles de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación y Del Golfo que tienen relación, yo diría directa, con algunos de los grupos o ‘megabandas’ de los centros carcelarios”.

Las tres organizaciones dedicadas al narcotráfico y tráfico de armas, son de México.

Dentro de las cárceles la labor de las bandas se concentra en tres ejes:

  1.  Control territorial a sangre y fuego.
  2. Eliminación de competencias en el narcotráfico.
  3. Ajuste de cuentas por el asesinato de ciertos elementos de estas organizaciones delictivas.

Rasquiña mantenía la ‘paz’

Entre 1998 y 1999 surge la banda de los ‘Choneros’ en Manabí. Nacen para darle protección a los traficantes de droga, relata Josué Altamirano, abogado-criminalista.

Este contexto histórico hay que conocerlo “porque así se entiende la evolución del delito en el país y se toma decisiones para frenarlo”, agrega.

Para el 2008, los ‘Choneros’ trabajaban en la logística de los principales carteles de narcotráfico mexicanos. Jorge Luis Zambrano ‘alias’ Rasquiña era el líder de esta banda “respetado dentro de la cárcel, mantenía digamos la paz entre las otras bandas que competían con los ‘Choneros’”.

La competencia directa son ‘Los Lagartos’ que dominan el puerto de Guayaquil. “Una gran puerta de salida de la droga que pasa por el país”, agrega Altamirano.

Tanto Altamirano como Pazmiño dicen que Ecuador debe asumir que ya no solo es un país de paso y que el control fronterizo es importante, más cuando ya se han encontrado “campamentos de drogas” en zonas selváticas como San Marcos (Carchi).

Según el artículo publicado en 2019 por ‘Insight Crime’, más de un tercio de la producción de cocaína de Colombia llega a Ecuador. La sustancia sale por vía aérea y marina y llega a todo el mundo: Estados Unidos, Europa, Asia y hasta Oceanía.

Antes de la muerte de ‘Rasquiña’ había ‘pactos’ en los que ‘Los Choneros’ controlaban la regional de Guayaquil y ‘Los Lagartos’ la Penitenciaría de Guayaquil.

Cuando ‘Rasquiña’ fue asesinado (diciembre de 2020) “se veía venir un descontrol a la interna de las cárceles por asumir el control de las cárceles. Solo él mantenía el control en las cárceles a nivel nacional con gente de confianza en todas las cárceles del país”, comenta Altamirano.

Detener el avance del narcotráfico

El Gobierno de Guillermo Lasso debe crear una política para evitar que Ecuador se convierta en un procesador de droga.

“Vamos a encontrar acciones y situaciones de violencia extrema en las ciudades”, indica Pazmiño, pues las motivaciones de los cárteles de narcotráfico buscan “a cualquier costo” tomar espacios de corredores de movilidad y abastecimiento ocupados por otras organizaciones.

No señores, ya no somos un país de tránsito, desde hace muchos años atrás. Somos un país de acopio de plataformas internacionales de difusión”, Mario Pazmiño, exdirector de inteligencia del ejército

Fuentes: La Hora , 1er Impacto.

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