‘Cobijado’ por la muerte

El colchón ensangrentado en el que Héctor Jiménez habría muerto fue echado al fuego por los dueños de la casa donde localizaron su cadáver. El hallazgo se hizo la mañana del 24 de julio, en un inmueble ubicado en las calles Guyana y Bahamas, barrio El Cisne, en Calderón, norte de Quito.

Soledad Mena, hija de la propietaria del domicilio, pasó toda la tarde del sábado aseando el cuarto donde estaba el cuerpo descompuesto del quiteño, de 35 años. Incluso tuvo que prender palo santo e hizo unos rezos para que “se vayan las malas vibras”.

La mujer aseveró que hace un año su madre arrendó el predio a un joven venezolano, su esposa y su hermana, a quien Héctor frecuentaba en los últimos meses. Soledad contó que no sabían el nombre porque no habían hecho el contrato de arrendamiento con ella.

La desaparición

Lo que sí sabían es que los extranjeros trabajaban en una cevichería a unas cuantas calles de la casa donde ocurrieron los hechos. “El señor (la víctima) solía ir a visitarla en el local. Aparentemente estaba muy enamorado”, comentó.

El 20 de julio, la familia de Héctor puso la denuncia cuando no volvió a su casa después de la jornada de trabajo. Él era contratista de construcción en Puembo, nororiente de la urbe, según los informes policiales.

Las indagaciones para ubicarlo empezaron. Los agentes de la Dirección Nacional de Investigación de Delitos contra la Vida (Dinased) fueron al restaurante en el que laboraban los extranjeros y los propietarios les indicaron dónde vivía la muchacha.

La policía llegó a la casa, en la que quedó estacionada la camioneta de la víctima. Ellos contactaron a la madre de Soledad para que abriera las puertas.

Cuando entraron al sitio donde residían los venezolanos, ellos ya no estaban. La vecina contó que en el barrio vieron cómo los extranjeros tomaron un taxi y llevaban maletas el miércoles pasado. “Se habrían ido con dirección a la Terminal de Carcelén (norte de la ciudad)”, apostilló.

Buscan a los responsables

Los agentes no encontraron ninguna pertenencia de quienes la ocupaban, solo un teléfono celular en un tanque de agua. Lo que sí localizaron fue el cadáver de Héctor envuelto en las cobijas y amordazado.

“El agente vio primero el cuerpo, sino a mi mamá le daba un infarto”, agregó Soledad mostrando el cuarto vacío. Por el momento no se ha podido establecer las causas de su muerte por el estado de descomposición en el que estaba.

Hasta ayer, la familia de la víctima esperaba por los resultados de la autopsia en la morgue de la Policía Nacional. Solo confirmaron que su pariente estaba reportado como desaparecido. 

Fuentes: El Extra , 1er Impacto.

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