Urbanizaciones cerradas son víctimas de la delincuencia en Quito

En apenas 20 minutos, los delincuentes ingresaron a una urbanización cerrada de Chillogallo, en el sur de Quito. La madrugada del 19 de julio se robaron las piezas de tres vehículos que se encontraban en el parqueadero del conjunto.

Los vecinos estaban consternados, pues los ladrones rompieron una de las paredes para hacer un hueco y pasar.
A las 05:00 del mismo día, otros delincuentes accedieron al parqueadero de un edificio, en el barrio Camal Metropolitano (sur), para sustraerse las partes de más vehículos.

Trataron de abrir dos autos, pero solo se llevaron la computadora, la batería y los accesorios del panel de un taxi.

“Solo robaron en mi carro. Al parecer, al momento del atraco circulaba por la zona un patrullero que dio alerta y los ladrones huyeron, este sitio está cerrado con cercas y vulneraron las seguridades”, expresó el afectado Mateo L.

Los robos y asaltos en el interior de urbanizaciones, viviendas, conjuntos habitacionales y condominios se reportan en diferentes zonas.

Según la Policía Nacional, 533 robos de viviendas se han registrado hasta el 21 de mayo del 2021. En el mismo período del 2019 fueron 683.

No se toma en cuenta las cifras del 2020 porque la población se encontraba bajo confinamiento por el covid-19.

En esas estadísticas también constan los casos de robos producidos dentro de las urbanizaciones residenciales cerradas, que cuentan con guardianía y demás seguridades.

El general César Zapata, comandante policial del Distrito Metropolitano, informó que las zonas más vulnerables a esa problemática son los valles de Tumbaco y Cumbayá.

“Ingresan a las ciudadelas privadas y atracan (…) por eso obligamos a los guardias que manejen un libro de registro de quienes salen e ingresan, porque en algunos lugares no lo hacen y de eso se aprovechan los ladrones para ingresar”.

Un incidente de ese tipo ocurrió la madrugada del pasado jueves 26 de agosto -señala el alto oficial- cuando delincuentes se hicieron pasar por albañiles para acceder a un conjunto privado en Cumbayá.

Los delincuentes le dijeron al celador que eran obreros y les permitió pasar a esa urbanización. Fingieron que realizaron trabajos y se escondieron en el mismo conjunto toda la tarde y noche del miércoles hasta que llegó la madrugada del siguiente día.

Ingresaron a una casa, maniataron a la señora y le golpearon al esposo. Se llevaron joyas dinero. Para confundir al guardia, los delincuentes salieron en un automóvil de las víctimas y lo abandonaron a tres cuadras del lugar.

Finalmente huyeron en otro vehículo que los esperaba a pocos metros. En este caso, al parecer, ya conocían los movimientos de las víctimas.

En otros incidentes, los ladrones forzaron las seguridades. Así le sucedió a Vicente B. el pasado 16 de julio, cuando un ladrón robó la bicicleta que tenía en su casa, ubicada en otro conjunto de Cumbayá.

“Estábamos en la sala conversando con mis familiares y nos dimos cuenta que no había la bicicleta (…) revisamos las cámaras y el hecho ocurrió a las 22:45 del día anterior”.

El robo quedó registrado en un video en el que se observa a un hombre que se lleva la bicicleta. En otra grabación se aprecia que actuó con dos individuos que lo acompañaban.

“Forzaron las cercas de seguridad que eran eléctricas. También supe que en otro condominio se robaron cuatro bicis”.

También se ha reportado que los ladrones ingresan a los condominios viviendas para sustraerse los zapatos que las familias dejan en la puerta, como medida de bioseguridad.

Hortensia P., quien vive en una urbanización en Ponciano, en el norte de la ciudad, cuenta que desconocidos se llevaron 10 pares de zapatos deportivos nuevos y de medio uso.

Lamentó que las cámaras están dañadas y no se pudo identificar a los maleantes. “No denunciamos a la Policía porque es un trámite complicado y largo, se pierde tiempo”.

Lo mismo sucedió con Hernán C., en el barrio San José de la Salle de Conocotovalle de Los Chillos, la madrugada del 31 de julio. Él y sus familiares dormían cuando los ladrones entraron a robar el calzado que dejaron en la puerta. También se sustrajeron herramientas y tres bicis de alta gama. “Una semana después robaron los zapatos a mi vecina”.

Ana María Vargas es presidenta del barrio Chillogallo Histórico y ha seguido de cerca los robos de piezas de carros. A su juicio, la inseguridad es una realidad que se vive diariamente en las calles de su zona, pero también hace falta colaboración de los vecinos.

Dice que solo se quejan y no proponen alternativas para mejorar la seguridad. Esperan que la Policía y los dirigentes solucionen los problema.

Fuente: El Comercio, 1er Impacto

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