A hombre asesinado en La Carolina lo esperaban afuera del restaurante

e José Ángel Pérez solo quedó un tapabocas azul tirado sobre el charco de su sangre… El lugar donde le metieron varios tiros fue en las calles Holanda y Shyris, norte de Quito (en el centro financiero), frente a uno de los parques más representativos de la urbe. ¡A plena luz del día!

Las autoridades dijeron que se trata de un posible sicariato. Algo que, al parecer, está despuntando en la capital. Quienes mataron al cubano-ecuatoriano, de 34 años, esperaron a que terminara de comer en uno de los restaurantes de la zona para atacarlo.

Una mujer que trabaja en esa cuadra escuchó una ráfaga de al menos 15 tiros, aproximadamente a las 15:30 del sábado.

“Yo iba a la farmacia y vi cómo murió (José) en el acto”, manifestó sin querer identificarse.

El cuerpo de Pérez quedó boca abajo, a unos tres metros de donde había estacionado una camioneta Ford 150 negra blindada. Uno de sus dos acompañantes, según el mayor Esteban Pesántez, jefe operativo de Muertes Violentas de Quito, recibió dos disparos, por lo que fue llevado a un hospital para ser atendido.

“La otra persona logró correr unos cuantos metros de la escena, pero igual fue alcanzada por los tiros: uno en la pierna y un roce en la cabeza”, detalló.

Las investigaciones se centran, por ahora, en la localización del vehículo que usaban los atacantes. Los vecinos alcanzaron a ver que era un automóvil marca Kia de color blanco.

Enrique Bautista, subcomandante de Policía de la capital, informó que la Unidad de Criminalística levantó 25 indicios de la escena del crimen, aunque todavía no podía precisar el tipo de arma que fue utilizada.

IMPRESIONANTE

La testigo del hecho no pudo volver a su sitio de trabajo luego de que los uniformados cercaron la calle para recolectar las evidencias. Temblaba y abrazaba a su hija, de unos ocho años. “Nunca había visto algo así”, expresó.

Contó que observó cuando le dispararon a Pérez. Los proyectiles llegaron a su cabeza y al tórax. Se acercó al cuerpo y divisó el orificio que hizo la bala en la sien.

“Se aseguraron de que estuviera muerto”, soltó.

También vio que el acompañante de la víctima cayó al piso y se quedó inmóvil. “Parecía que fingía estar muerto para que no le dispararan más”.

Recién cuando los agentes llegaron al lugar, el herido levantó la cabeza pidiendo ayuda, luego de unos siete minutos.

Cuando arribó la ambulancia, los ciudadanos gritaban que no atendieran a Pérez, sino al otro que aún seguía con vida.

Pero este no fue el único daño colateral. Una transeúnte que estaba cerca también resultó herida por una bala perdida. “Está estable”, confirmó Bautista.

Un automóvil Vitara color dorado también fue llevado como parte de las evidencias del crimen, pues aunque no tenía nada que ver con las víctimas, recibió cuatro balazos.

Fuente: Extra, 1er Impacto

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