La inseguridad en Guayaquil la está volviendo una perla poco pacífica

Los robos y otros actos delictivos estarían creando paranoia en la ‘pipol’ que vive en el Puerto Principal. Los ciudadanos buscan protegerse como sea.

Sara Ponce, de 42 años, afirma que hace tres meses sale solo lo necesario, para hacer trámites y diligencias. “Me daba miedo ir en bus, pero ahora hasta caminar asusta. No lo digo solo por el dinero que roban, también por cómo lo dejan a uno, luego del asalto”, dice la mujer, que circulaba por Urdesa, norte porteño.

María Sánchez coincide con Sara. Vive en el barrio Orellana (centro) y confiesa que no está tranquila en ningún lado, que le toca pagar a un chofer de confianza para que la traslade. “Me gasto medio sueldo para pagarle, pero qué más hago. Me da pena que la Perla del Pacífico esté perdiendo su brillo y cada día es menos pacífica. Yo paso en zozobra”.

“Lo que está viviendo el país, sobre todo Guayaquil, está poniendo a la gente a la defensiva, en estado de alerta. Miran a todos lados en la calle, desarrollan una paranoia de que los persiguen cuando ven a alguien diferente a su entorno. Piensan: ‘Salgo y no regreso’. A esto se le suma que no creen en las leyes (decepción), porque ven en los medios de comunicación que antisociales matan y luego vuelven a salir”, expresa el psicólogo clínico Luis Siguencia, máster en Psicología Comunitaria, quien recomienda asistir a terapias porque este nerviosismo no permite desarrollar las actividades cotidianas.

“Me toca implementar mis medidas de seguridad: rezo y no contesto el celular en la calle. La mujer es blanco perfecto para ladrones”.Lady Loaiza, ciudadana

Para Daniel Pontón, docente y analista en temas de seguridad y violencia, la situación es preocupante.

“No sé si el tema esté fuera de control totalmente, pero hay un crecimiento tanto de la violencia y la percepción ciudadana, respecto al crimen. Y no veo que exista la capacidad de reacción del Estado para poder aplacarlo. Ningún gobierno se cae por la inseguridad ciudadana, el problema es que esto corroe la estructura social. Cada quien autogestiona su seguridad: unos compran armas de fuego, otros no salen de su casa, otros estigmatizan. La seguridad es un bien colectivo y las acciones dispersas complican el asunto. Se toma la justicia por mano propia, que aumenta el espiral de violencia. Las sociedades con miedo son violentas”, expresa el especialista en seguridad.

Fuente: Extra, 1er Impacto

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