Luego de asesinar a dos en el sur de Quito,  sicarios recogieron los casquillos

Las víctimas iban a bordo de un auto cuando los ‘cazaron’. Los baleados se chocaron y los criminales se dieron el ‘lujo’ de limpiar la escena.

Érik Imacaña y Jefferson Granja, de 27 y 30 años, los balearon hasta decir ¡basta! Y ante la mirada atónita de los testigos, los sicarios limpiaron la zona del crimen para no dejar ningún rastro.

Sucedió la noche del miércoles 12 de enero, cuando las víctimas se desplazaban en un automóvil rojo, por las calles Paulina Hernández y S40, en el barrio Ciudadela Ibarra, sur de Quito.

Según los moradores del sector, tres sujetos con pasamontañas y guantes, que iban a bordo de una camioneta negra, les dieron ‘cacería’. El carro de las víctimas avanzó dos cuadras tras los balazos y finalmente se chocaron en una tienda esquinera.

Se fueron con los casquillos

Eran las 19:00. Margoth, una de las habitantes, escuchó una ráfaga interminable de tiros. Se asomó para ver lo que pasaba porque pensaba que eran juegos pirotécnicos y se dio cuenta de que otra era la realidad.

“Después de dispararles, esos hombres se bajaron a recoger los casquillos de las balas. Estaban bien tapados. Luego se fueron a toda velocidad”, contó la mujer.

Katherine, otra vecina del sitio, comentó que por la posición como quedó el copiloto del vehículo daba la impresión de que intentó esquivar las balas, escondiéndose entre el asiento delantero y el tablero. Pero fue en vano.

Iván Naranjo, jefe de la Unidad de Muertes Violentas de Quito, mencionó que los cadáveres presentaban un sinnúmero de orificios de bala. Dijo que esperarán a la autopsia para determinar cuántos impactos recibieron y cuál fue el tipo de arma que utilizaron los agresores. El vehículo estaba en similares condiciones.

“No se encontraron casquillos en la escena del crimen. Se identificó que solo uno de las víctimas tenía antecedentes penales por asociación ilícita. Seguimos investigando para dar con el paradero de los responsables de este delito”, añadió el oficial.

Desconsuelo

Pasadas las 20:00, los familiares de una de las víctimas llegaron al sitio. Una mujer se identificó como la hermana de Jefferson Granja.

En medio del desconsuelo, la pariente pedía ver el cuerpo, pese a que su excuñada, minutos antes, ya le había confirmado que Granja sí era uno de los dos abatidos.

Entre sollozos gritaba el nombre del asesinado, con quien, según lo que contó a las autoridades, conversó apenas en la mañana. Él le había dicho que estaba bien, sin novedades, solamente un poco agripado, pero que ya le pasaría.

Asimismo dijo que su hermano no tenía carro y desconocía quién era el propietario del automóvil en el que se desplazaba. Tampoco sabía en qué negocios trabajaba.

La pareja de Granja conversó con los agentes y dijo que hace dos semanas él salió de la cárcel. Además, un día antes de su muerte, la víctima tuvo problemas con unos desconocidos.

“Me dijo que le comprara otro chip de teléfono por seguridad. Pero a las 15:30 (del miércoles) salió de la casa con su amigo. Horas después supe que lo mataron”, contó.

Fuente: Diario Extra, Primer Impacto.

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