Los milagros del aluvión que sacudió a La Gasca y La Comuna

Darwin Bosques sintió terror de perder a sus tres hijas. Las niñas, de 4, 9 y 16 años, quedaron sepultadas bajo el lodo, en el interior de la cabina del camión que el hombre manejaba y quedó reducido a unas cuantas latas.

El lunes, un aluvión arrasó con viviendas y residentes de La Comuna La Gasca, en el noroccidente de Quito. Esa tarde, Bosques y sus hijas se embarcaron en el vehículo en busca de un local de internet para que ellas terminaran sus tareas escolares.

Pero antes de que el hombre pudiera encender ese automotor, una ‘ola de barro’ lo arrastró unos 500 metros por la calle José Berrutieta y los lanzó a la hondonada situada a los pies de la canchita de ‘El Dorado’, en la que se celebraba la inauguración de un torneo de vóley con más de 50 asistentes.

Hasta este 4 de febrero de 2022, según cifras oficiales, 27 cuerpos fueron sacados de entre los escombros de la zona y 2 personas continúan desaparecidas. “Cuatro son niños”, indicó Daniela Valarezo, secretaria de Seguridad y Gobernabilidad del Municipio.

Bosques entendió que corrieron con suerte. Y, aunque le preocupa haber perdido el camión, dijo que haber sobrevivido es obra del Todopoderoso.

“Por el aluvión estallaron los vidrios. Íbamos chocando con todo. Se metió un tronco y aplastó a mis niñas… Estamos vivos de milagro”, describió el hombre, de 35 años.

A la primera que sacó de la carrocería destrozada fue a Scarleth, la menor de todas. Tenía el rostro lastimado y el lodo casi no la dejaba respirar. “Pensé que se podía ahogar”, explicó el padre. Luego, liberó a Danna, de 9 años. Ella también fue golpeada por la corriente y tenía la carita raspada. Finalmente, rescató a Karen, la mayor, quien se llevó la peor parte.

Aún tiene moretones en los ojos, en los brazos y la frente remellada. “Estábamos asustadas”, contó la muchacha.

Los libros del colegio y su celular -en el que recibía las clases virtuales– se perdieron entre el ‘mar de lodo’. “Gracias a Dios, solo son cosas materiales… Mi hermana, que tiene la casa más abajo, perdió todo, pero estamos vivos y eso es lo más importante”, añadió el padre de las niñas.

Otros prodigios

Mónica Espinosa también celebraba la vida de su tío Raúl. Cuando se desbordó la quebrada de El Tejado. La mujer imaginó lo peor. “Él iba todos los días a la cancha. Dice que el lunes llovía bastante y, por la pereza, no salió de la casa. Este reencuentro es una bendición”, dijo.

A dos cuadras de allí, cruzando la avenida Mariscal Sucre, Patricio Sanguña agradece a Dios por estar vivo luego del aluvión. La tarde del lunes, minutos antes de que bajara la corriente que ‘sepultó’ al barrio entero, el hombre presintió algo y subió al cuarto en el que estaba su esposa, en el tercer piso.

“Me dio ganas de abrazarla, no sé por qué”, comentó. Segundos después sintió un temblor. Las cosas se caían. Se fue la luz. Un fuerte golpe azotó las paredes de la casa. Sanguña y su pareja cruzaron las manos y rezaron. “Somos católicos y nuestra vida está en manos de Dios”.

Luego de una aparente calma, el hombre abrió la ventana para ver lo que había pasado y una ola de agua con escombros lo empujó hacia dentro. Se inundó el cuarto. Recordó que entraron pedazos de tronco de más de un metro de largo. Al fondo, vio cómo su camioneta era arrastrada por la fuerte corriente hasta la avenida Mariscal Sucre.

Agarró la mano de su esposa y corrió hasta la parte trasera de su casa para no morir enterrados. Por suerte, comenta, sus hijos se habían ido de viaje con sus nietos. La mañana de ayer, todos juntos, con pico, pala y escoba, botaban el agua e intentaban recuperar algunos enseres.

Sanguña señaló el segundo piso de su domicilio que se encontraba totalmente destruido y explicó que estaba en ese lugar antes de recibir ‘la señal divina’. “Si permanecía todavía ni me hubiesen encontrado”, concluyó.

El afectado añadió que espera encontrar su teléfono para sacarle el chip y contactarse con sus familiares en el extranjero, quienes hasta la mañana de ayer no sabían las condiciones en las que estaba él y su familia.

Sanguña pide a las autoridades que ayuden a las personas que perdieron sus domicilios con material de construcción para refractarlos. “No queremos comida ni ropa, necesitamos dormir tranquilos”, mencionó.

Más abajo, Ericka Conchambay conversaba con otros vecinos sobre la inseguridad que se generó luego del fenómeno natural. La moradora recordó que luego de la desgracia, mientras el barrio estaba a oscuras, varias personas intentaron ingresar a los domicilios para robar. “Bajaban con linternas para aprovecharse del momento”, dijo.

Ante eso, la mujer y otros familiares tuvieron que mantenerse despiertos y vigilantes. Al amanecer del otro día, Conchambay contrató trabajadores para que soldaran tubos en las entradas de la casa para que impidan el acceso de intrusos.

El coronel Enrique Bautista, subcomandante de la Policía de la capital, indicó que ante este tipo de emergencia desplegaron un contingente distribuido en cuatro horarios. “Desalojamos a los chatarreros que querían llevarse el material de construcción”, enfatizó.

Otras familias todavía intentan asimilar la tragedia y viven momentos de dolor y esperanza. Un grupo de venezolanos recibió kit de alimentos y cobijas, la mañana de ayer. Uno de ellos, Douglas Bracho, tenía sentimientos encontrados. Lloraba pero a la vez estaba feliz.

El extranjero comentó que encontraron el cuerpo de su amiga con la que vivía, quien estaba desaparecida desde el lunes y fue encontrada debajo de algunas capas de lodazal. Sin embargo, Bracho se mostraba un poco tranquilo porque dormirá en un albergue. El resto de días durmió en su casa destrozada.

Existen daños materiales en la zona de la tragedia

Al momento, se han evaluado 174 viviendas: 8 colapsaron y el primer piso de 24 está afectado. También hay 27 autos y 22 motos destrozados.

Sin servicios básicos por la corriente de lodo

Adicionalmente, 20 postes de energía eléctrica fueron destruidos y 14 contenedores de basura quedaron inservibles debido al aluvión.

Fuente: Diario Extra, Primer Impacto.

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